La televisión de la cosa – Columna de Ómar Rincón – Cine y Tv – Cultura


LA COSA llegó y todo cambió. Los humanos estamos rotos, los gobernantes develaron su alma, la real pobreza apareció, la real riqueza se premió y la tele triunfó.

1. El gobernante Duque descubrió su real pasión (que no es Colombia), que es ser presentador de televisión. Lo hace muy bien, conduce con propiedad, nunca dice nada que ofenda, da la palabra con tranquilidad, sabe interactuar con naturalidad con dictadoras bolivianas o ineptos presidentes, con ministros, vice machista, cantantes, humoristas. Un gran presentador.

Podría ser un excelente presentador de ‘Noticias RCN’ o un conductor de ‘Día a día’.

(Lea también: Uribe, el genio de la comunicación)

2. La Vice, la protagonista de telenovela. Como en toda telenovela mexicana las mujeres son lavadoras, aspiradoras, planchadoras al comentar el Día sin IVA(n).

Como toda telenovela, ella tiene muchos secretos: un hermano narco que no contó, un semiyerno desaparecedor de humanos inocentes, un amigo fantasma.

Como toda telenovela, es mujer de dos morales y llora, y dice que les dijo a sus jefes, y dice que no les dijo. Telenovela maravillosa: ‘La Atenida: la historia de la vice’. Espérela pronto en Canal Uno.

3. Todo pasado fue mejor. Por eso RCN fue genial. Ante su falta de producción, echaron mano a ‘Diomedes’, Marbelle y ‘Tres Milagros’. Y es que con esta tusa, sin empleo, en la miseria humana no hay nada mejor que algo acompañe este despecho.

Y para eso está la potencia sentimental y narrativa del ídolo Diomedes o la sabrosura de ese ‘tecno’ despecho. Uno se refugia en el sentimiento y llega la noche de otro día para olvidar. RCN demuestra que la televisión es la estética de la repetición: el goce de un placer conocido.

(Le puede interesar: La comunicación de los pobres)

4. Los noticieros crecieron en ‘rating’. Ante esta crisis, fuimos a los noticieros. Y encontramos poco. No es su culpa, poco pueden informar si el Gobierno cambia de decreto cada día y de pensar en cada defensa de los dueños del país.

A los noticieros solo les quedó apoyar al que dice “¡Aquí mando yo!” pero no lo demuestra; por eso, arrogantemente se la pasan acusando al ciudadano de “insolidario”, “irresponsable”, “estúpido”.

Pero el ciudadano es el que los ve y quisiera que contaran su desazón y mala vida. Fuimos a informarnos, encontramos gobiernismo y el ‘rating’ p’al piso.

5. Netflix, la salvación. Netflix se ganó el nombre de todo lo que se llame plataforma sea Amazon, HBO, Hulu, Disney +. Y es que es donde mejor se navega, se clasifica, se ve.

HBO navega mal y se quedó sin nada: ¡pensar que era tan bueno! Ir a estas plataformas es ver lo que se pueda sin encontrar la publicidad ni a Diomedes ni a Duque. Y eso se agradece.

(Lea además: La televisión pública es más fascinante)

6. TV Pública. Y descubrimos que Señal tenía un buen archivo de gobiernos pasados. Que Canal Trece, TelePacífico, Capital y TeleCaribe tenían indígenas y afros y culturas diversas. Ver los canales públicos es saber que somos diversos y colombianos. Gracias.

ÓMAR RINCÓN
Crítico de televisión
orincon61@hotmail.com

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *